Cuando nos encontramos
por accidente,
en un cruce
de una calle
que nunca tuvo nombre
no me miraste a los ojos.
Busqué con la mirada
si había algo clavado en tu cuerpo
de esto que me hace falta.
No había heridas
ni gota de sangre.
Había estrellas
ahí donde puse una daga.
Hay recuerdos
que terminan siendo
menos que cicatrices.
Lo entendí
cuando quisiste decir mi nombre
y no lo recordaste.
Me dio gusto saber que has sanado,
que...